miércoles, 18 de enero de 2012

A QUE JUGAMOS?

Juegos y juguetes para jugar en familia Distribución por edades de tipos de juguetes más recomendados

“Jugando, jugando, de pequeños, aprendemos a hacernos mayores. Jugando, jugando, hacemos crecer nuestro espíritu, ampliamos el campo de nuestra visión, de nuestros conocimientos. Jugando, jugando, decimos y escuchamos cosas, despertamos a aquel que se ha dormido, ayudamos a ver a aquel que no sabe o a aquel a quien han tapado la vista”
Antoni Tàpies
Del ayudar al compartir, pasando por el disfrutar 

Los roles de los adultos en la familia, en relación al juego compartido con los hijos, van cambiando a lo largo del crecimiento. 

Juegos y juguetes para jugar en familia Distribución por edades de tipos de juguetes más recomendados

“Jugando, jugando, de pequeños, aprendemos a hacernos mayores. Jugando, jugando, hacemos crecer nuestro espíritu, ampliamos el campo de nuestra visión, de nuestros conocimientos. Jugando, jugando, decimos y escuchamos cosas, despertamos a aquel que se ha dormido, ayudamos a ver a aquel que no sabe o a aquel a quien han tapado la vista”
Antoni Tàpies
Del ayudar al compartir, pasando por el disfrutar 

Los roles de los adultos en la familia, en relación al juego compartido con los hijos, van cambiando a lo largo del crecimiento.

A lo largo de toda la vida el papel de los padres es ayudar en el desarrollo de sus hijos. Respecto al juego, durante la primera infancia, la ayuda es la función más importante.

En la edad temprana ayudaremos a que vaya acercándose al mundo a través de sus sentidos, a que extraiga todas las posibilidades lúdicas de un juguete, en definitiva; a que descubra nuevas experiencias. Nuestro papel de ayuda se referirá más a motivar y a favorecer un tipo de juego determinado.

A partir de los 3-4 años aproximadamente, acompañaremos más en el juego. Seguiremos guiando y motivando, pero jugaremos compartiendo, no sólo ayudando.

A partir de los 6-7 años, el compartir se convierte en algo más. Es colaborar, es competir, es favorecer un juego en el que permitamos a nuestros hijos que se sientan más iguales en el juego, donde respetemos las normas y ayudemos a que se respeten. Donde ellos puedan mostrarse tal como son.
 
A partir de los 9 años aproximadamente, nos convertiremos en auténticos compañeros de juego. Ya no es tan importante el que motivemos, sino el que nos perciban como jugadores entregados, tanto a la competición como a la cooperación.

No olvidemos que sin disfrute no hay auténtico juego y además de ayudar, motivar, favorecer, acompañar y compartir deberemos pasárnoslo bien como adultos que somos, disfrutando de la compañía de nuestros hijos y de la del resto de los miembros de la familia.

Para poder jugar a lo largo de toda la vida, deberemos disfrutar juntos jugando.

Nuestros hijos nos perciben, lo mismo que nosotros a ellos y nos sentirán disfrutando a su lado. La capacidad de disfrute que nosotros tengamos, también favorecerá a que en ellos se desarrolle una capacidad lúdica y de disfrute ante la vida, lo que sin duda ayudará a que sean más felices. 


LLL
A lo largo de toda la vida el papel de los padres es ayudar en el desarrollo de sus hijos. ReLsLELp
http://www.ludomecum.com/comun/j_familia_05.phpecto LEER MASal juego, durante la primera infancia, la ayuda es la función más importante. 

En la edad temprana ayudaremos a que vaya acercándose al mundo a través de sus sentidos, a que extraiga todas las posibilidades lúdicas de un juguete, en definitiva; a que descubra nuevas experiencias. Nuestro papel de ayuda se referirá más a motivar y a favorecer un tipo de juego determinado.

A partir de los 3-4 años aproximadamente, acompañaremos más en el juego. Seguiremos guiando y motivando, pero jugaremos compartiendo, no sólo ayudando.

A partir de los 6-7 años, el compartir se convierte en algo más. Es colaborar, es competir, es favorecer un juego en el que permitamos a nuestros hijos que se sientan más iguales en el juego, donde respetemos las normas y ayudemos a que se respeten. Donde ellos puedan mostrarse tal como son.
 
A partir de los 9 años aproximadamente, nos convertiremos en auténticos compañeros de juego. Ya no es tan importante el que motivemos, sino el que nos perciban como jugadores entregados, tanto a la competición como a la cooperación.

No olvidemos que sin disfrute no hay auténtico juego y además de ayudar, motivar, favorecer, acompañar y compartir deberemos pasárnoslo bien como adultos que somos, disfrutando de la compañía de nuestros hijos y de la del resto de los miembros de la familia.

Para poder jugar a lo largo de toda la vida, deberemos disfrutar juntos jugando.

Nuestros hijos nos perciben, lo mismo que nosotros a ellos y nos sentirán disfrutando a su lado. La capacidad de disfrute que nosotros tengamos, también favorecerá a que en ellos se desarrolle una capacidad lúdica y de disfrute ante la vida, lo que sin duda ayudará a que sean más felices. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario